La psiquiatría comunitaria como modelo de voluntariado en la asistencia al suicida


La mirada y el trato que como sociedad tenemos hacia nuestros enfermos mentales, ha ido evolucionando con el tiempo, mediante un cambio gradual y heterogéneo en que las viejas posturas se resisten a retirarse. La aparición de los primeros hospitales psiquiátricos en el siglo XV se considera el origen de la psiquiatría y marca simbólicamente el momento en que la sociedad se hace responsable del cuidado de los enfermos mentales. Los avances científicos que se dieron a partir del siglo XIX descartaron definitivamente las interpretaciones demonológicas y le devolvieron al enfermo mental el estatus de persona y un trato más humanitario. Por ejemplo en las concepciones de Kreapelin: “Hay que acercarse al lecho del enfermo”, o de Freud: “Hay que escuchar al enfermo”.

A mediados del siglo XX, el concepto de enfermedad mental se había expandido incluyendo no solo a los casos graves o muy evidentes sino también a muchos otros trastornos del ánimo. Fue entonces cuando muchos psiquiatras y psicólogos advirtieron su carácter social y sistémico.

Aun cuando las causas de la enfermedad mental pudieran ser varias, e incluso desconocidas, lo cierto es que la evolución de la enfermedad y la efectividad del tratamiento siempre dependen del entorno familiar y social del paciente. Surge así una idea revolucionaria: Mejorar los entornos familiares y sociales de las personas para prevenir enfermedades mentales, facilitar su tratamiento, acompañar, contener y dar más herramientas a las familias. A esa idea se la llamó psiquiatría comunitaria.

La propuesta de la psiquiatría comunitaria, parecía muy buena pero impracticable. Hasta entonces los profesionales de la salud mental trataban a un número limitado de pacientes en los hospitales psiquiátricos o en sus consultorios. La nueva propuesta consistía en promover cambios en toda la población. Sencillamente la cantidad de profesionales no alcanzaba. Surge entonces la segunda gran idea de la psiquiatría comunitaria: que la propia comunidad actúe como factor transmisor y multiplicador de las mejoras que se pretenden introducir. Aparece entonces la figura del agente de salud mental: una persona, que se forma para brindar una asistencia no profesional y voluntaria a miembros de su comunidad en una Asociación dirigida por profesionales especialistas.

Cuando en los ’60, el doctor Alfredo Gazzano pensó en fundar un centro de asistencia al suicida en Buenos Aires era conocedor de este movimiento y visitó otras organizaciones en el mundo para interiorizarse de su funcionamiento. Así nos lo cuenta en una entrevista que le hicimos a fines del 2018:

…-Eso ocurrió en Estados Unidos, En Nueva York. Era una experiencia. Ellos fueron los que crearon el nombre de “agentes en salud mental”. Tenían una institución, con médicos psiquiatras, y trataban de descubrir en la población, a aquellos que tienen mucha capacidad, mucha fortaleza yoica, para trabajar como agentes de salud mental. Podía ser un panadero, podía ser cualquiera que tuviera esa capacidad. Y a esas personas las cuidaba este equipo de profesionales que estaban en la institución. Es decir, los médicos no hacían asistencia, eso lo hacía la gente de la comunidad. Ellos cuidaban a esos agentes.

-Varias veces menciona usted la “psiquiatría comunitaria” incluso dándole mucha importancia como “la tercera revolución psiquiátrica”

-Claro, porque es imposible la asistencia individual de todas las personas que necesitan tratamientos psicológicos. Entonces se trata de usar lo poco que se tiene en la mayor cantidad posible de personas. Qué es lo que hacía el Centro de Asistencia al Suicida [, y lo que seguimos haciendo].

-Es decir, la comunidad como multiplicador de la acción terapéutica.

-Claro, por ejemplo lo que te comentaba de esa experiencia en Nueva York, Rhode Island, en la cual trabajaban creando agentes en salud mental, a los cuales había que cuidarlos. Un poco de eso tomamos en el Centro de Asistencia al Suicida. En la cual, los agentes de salud mental son los voluntarios, y después las reuniones, justamente para cuidarlos.

-En algún momento mencionó también la idea de que aunque el paso por la institución sea breve, o incluso nulo porque hay veces, incluso a ustedes también le pasaría que hay gente que hace todo el entrenamiento y después cuando se enfrenta a la tarea no se anima.

-No se anima, no le gustó o casos personales.

-Pero usted le da valor igual a la formación por el hecho de que devuelve a la comunidad una persona formada en la escucha. Y aunque no actúe en el Centro de Asistencia al Suicida, alguna acción va a hacer en la comunidad. ¿Es como sembrar una semilla?

-Exacto. Si. Los agentes de salud mental.

Aunque el término “psiquiatría comunitaria” hoy cayó en desuso, el concepto que designa no lo hizo. Muy por el contrario, la psiquiatría comunitaria se expandió y se integró de tal forma en nuestra sociedad que ya casi no notamos su presencia. Pero está. La podemos ver no solo en instituciones de asistencia a personas como el Centro de Asistencia al Suicida sino también en asociaciones de lucha contra la discriminación, la violencia doméstica, la violencia de género, las enfermedades crónicas, el bullying o la discapacidad; de concientización o de formación que intentan cambiar o mejorar prácticas sociales que atentan contra la salud mental.

Ya nadie niega la incidencia de las familias y de la comunidad toda en la salud mental de las personas y la necesidad de difundir las buenas prácticas y la asistencia directa para promoverla.

La aparición de Internet, de las redes sociales y de las tecnologías de la información plantea nuevas posibilidades y nuevos desafíos para estas iniciativas. Por un lado la difusión de las buenas prácticas y de la información útil se facilita, pero también se abre un canal apropiado para el acoso, la estigmatización y otras prácticas sociales contraproducentes.

Debemos aceptar este desafío y darle el mejor uso posible a estas nuevas tecnologías, sin olvidar la esencia que caracterizó a la psiquiatría comunitaria desde el principio, que es una persona asistiendo voluntariamente y sin esperar recompensa a otra persona que lo necesita, entre otras cosas, porque es lo que más nos identifica como humanos.

Las opiniones vertidas en estas notas no necesariamente reflejan posturas oficiales del Centro de Asistencia al Suicida y se publican bajo exclusiva responsabilidad de sus autores.

otras cosas, porque es lo que más nos identifica como humanos.


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